Logan
No podía acostarme con ella.
No podía lamerla.
No podía tocarla.
No podía acariciarla.
Yo estaba en problemas, pero mi sublime novia no.
Valía la pena.
Ella valía la pena.
Pasaron una, dos, tres semanas, y Savannah y yo seguíamos con nuestro acuerdo. Y yo era libre de ver a mi hijo tanto como quisiera.
Mi hijo.
Cada día, me sentía más cerca de él, como si hubiera encontrado mi lugar. Con Savannah también. Tenía que contenerme porque la necesidad de tocarla o expresarle mi amor me