Jarem a partir de esa noche empezó a tratarme con más calidez, me traía casi todos los días regalos, me ayudaba con mis diseños, me daba opiniones y nos reímos los dos cuando algo no me salía muy bien y me enfadaba. Una noche lo esperaba para cenar, pero Jarem no vino, aunque últimamente era muy cariñoso conmigo, no me extrañaba nada, porque pensé que podía estar en alguna fiesta que celebraron sus amigos o que las reuniones que tenía de vez en cuando en su empresa terminaban tarde. Pero en la