Juana, por supuesto, no se quedó quieta y trató de defenderse, intentando agarrar mi cabello, pero como no me había lavado el cabello en días por estar hospitalizada, lo tenía recogido y no logró agarrar nada.
En una pelea, es raro salir ilesa. Sus largas uñas me arañaron la mejilla, sintiendo un ardor punzante que seguramente dejaba una marca.
Así, luchamos con todas nuestras fuerzas. No necesitábamos más preámbulos ni excusas. Ella había mostrado su cara en los videos que me mandaba, y fingir