Hugo estuvo hospitalizado por la hemorragia casi quince días. Me preocupaba mucho y le dije que no debía poner en riesgo su salud. Los inversionistas estaban cautelosos y, por más que bebiera, no encontraría al indicado. Consulté con mi gestor y retiré quinientos mil dólares para Hugo. Él, emocionado hasta las lágrimas, me prometió que no me defraudaría.
—Ahora, al recordarlo, Gabriel, me doy cuenta de que no me veía como un ángel, sino como una tonta.
Gabriel no se rio de mí; en cambio, me cons