Me obligué a trabajar, puse a Rata a y Cebolla a correr con informes de las muchas empresas que tengo, de las negociaciones lícitas e ilícitas bajo mi mando. No se atrevían a hablarme, entré más pasaba el tiempo, más incertidumbre tenía dentro de mí.
Verónica no me había llamado, ¿para qué llamarla?, no tenía ánimos para que saliera con alguna de sus estúpidas filosofías de «ponte en mi lugar» —Cebolla escribía por celular con alguien—. Al mirarlo se percató.
—Lo siento Patrón, me escribió Raúl