La onda explosiva reventó todos los vidrios de la casa. Por un momento nos aturdimos. Los gritos de Churrusco se escuchaban lejos, comencé a abrir y cerrar la mandíbula para darle movilidad al oído. Tomé el maletín médico
—¡Roland, Alfredo! Ocho gonorreas van camino al balcón del lado Oeste.
Gritaba desesperado. La mano del patrón apareció en mi campo de visión para ayudarme a levantar. Al menos Carlina estará atendiendo a nuestras esposas si fueron heridas, si era algo delicado quedó en avisa