—Perdone la imprudencia, apenas lo estoy conociendo, me atreví de pedirle que habláramos de tú, porque con Roland ya tengo esa confianza, yo puedo ser tu mamá, ¡por el amor de Dios! —La señora me miró fijamente, era como estar viendo a la vieja Josefina escaneándome.
» No me está pidiendo el consejo, pero déjeme decirle que a mis cincuenta y cinco años y con algo de experiencia te digo que no pierdas el tiempo con una mujer que no sabe valorarte. No te conozco, no sé tus pecados, así fueras un