—¿Dejas en mí la decisión? —Mi mano comenzó a masajearle el pene, lo tenía duro.
—Si te decides cumplirías una de mis fantasías y es hacerte el amor en el carro.
—Creo…
Era mejor continuar el trayecto, nos podrían ver, es de día. Pero el muy atrevido, pellizcó uno de mis pezones y cedí ante el deseo.
—Ni creas que te vas a salvar, ya me lo pusiste duro, ahora bájalo, no seas una para huevo Verónica.
Dijo mientras su boca besaba mi cuello. Corrió su silla, desabotonó mi pantalón y lo bajó con un