—¿Te gusta?
—Mucho, tina —soltó con los ojitos brillosos.
—Genial. Vayamos a caminar, y por favor, siempre a mi lado, eh.
—Lo sé.
De manera que ya estaban atravesando la acera. Caminando entre la multitud que iba de un lado al otro. Desde el accidente de su mamá siempre había sido un poco más precavida a la hora de salir con Mario, puesto que el paso de los vehículos era de no acabar.
Así que de allí partieron al cine, sin embargo, Mario comenzó a sentirse mal, de pronto estaba adolecido y