Vincent sonrió animado ante la clara insinuación de su esposa.
Él le rodeó con sus brazos por la delgada cintura de esa bella mujer castaña.
— ¿Vienes a la tina conmigo? — Preguntó coquetamente.
Sophia asintió dándole una mirada llena de complicidad y deseo.
— ¡Me encantaría!
…..
Varios minutos después, ambos estaban metidos en la amplia tina como Dios les trajo al mundo.
Sophia estaba