Eso lo rompió.
Un sonido gutural de pura agonía y alivio escapó de su garganta. La furia en sus ojos se disolvió en un hambre cruda y desesperada. Dejó de intentar ser el CEO, el esposo, el padre. Era solo un hombre consumido por un antojo prohibido.
Estampó su boca contra la mía, un beso violento y