Dante
Unos cincuenta hombres llegan disparando a la entrada como si fuéramos tan idiotas de seguir allí. Tomo la granada de humo que lanzo a su pies que se esparce por donde están, disparamos directo a sus cabezas reduciendo la cantidad y ni siquiera saben de donde llegan las balas. Disparan sin tener objetivos fijos desperdiciando las municiones porque ni siquiera uno de nosotros cae.
__ Señor una alerta de ataque en el aeropuerto - ¡malditos! Uriel tiene el teléfono en la oreja. -