Perspectiva de Evie
Hambrienta, acaricio el firme bíceps de Oliver, palpando los músculos fuertes que se tensan y abultan bajo mi palma.
Quiero lo prohibido.
Lo quiero, y lo quiero ahora.
Se acabó fingir.
—Cuidado, gatita, sabes que estás jugando con fuego —me advierte en voz baja y oscura al oído, ese tono grave y profundo que solo nosotros dos podemos oír.
Joder, me estoy mojando.
—Lo quiero —le susurro, incluso sabiendo que su hija está justo ahí, en la cama. Aun así, necesito que me folle fu