Llegó mi momento y entonces grité de placer.
Kaleb hizo su ritmo más lento, podía escuchar la música, cada nota, cada melodía, y mi danza sensual lenta pero solo un poco. Sonreí cuando me di cuenta de que quería prolongar mi placer el mayor tiempo posible. Y una vez que mi presión disminuyó, se retiró.
—De rodillas, mujer— gruñó de manera erótica.
Había un brillo depredador en sus ojos que envió círculos de emoción a través de mi cuerpo. Hice lo que me pidió y me puse de rodillas.
Él gimió de n