Al caer las palabras de Juan, Cristina y Miguel se desplomaron en el suelo con un fuerte golpe.
Sus rostros estaban pálidos, y sus ojos reflejaban un profundo arrepentimiento.
Si hubieran sabido realmente que Juan era el presidente, nunca se habrían atrevido siquiera a enfrentarse a él en cada ocasión.
Pero lamentablemente, el arrepentimiento en estos momentos ya no servía de nada.
Mientras tanto, los demás empleados presentes los miraban con expresiones de burla, disfrutando de su completa desg