Eugenio, al llegar a semejante punto, pareció despertar repentinamente de su ensimismamiento.
La persona frente a él, con tal interés en los asuntos de la familia González y semejante nivel de poder, no podía nadie más.
—Entonces… tú eres Juan… —dijo Eugenio, señalándolo lleno de terror.
—Al parecer no eres tan bobo después de todo —respondió Juan, sin negar nada, mirándolos con calma.
—¡Juan… no, señor González! Le juro que no diré nada. Prometo guardar absoluto silencio —dijo Eugenio, viendo