Su dignidad ahora estaba literalmente bajo el pie de Juan, una humillación doblemente amarga porque todo sucedía frente a la mujer que le gustaba.
Había planeado forzar a Amapola a mantener relaciones con él, convencido de que después de tratarla bien, ella terminaría olvidando todo lo ocurrido.
Pero ahora no solo no logró su vil objetivo, sino que fue atrapado y sometido, dejándolo por completo en ridículo.
Por más que luchaba, Braulio no podía liberarse. Respiraba pesadamente por la nariz, y l