—No, te estoy diciendo que este cuarto ha estado cerrado y sólo puede entrar una mucama para mantenerlo limpio— Resopla fuertemente. —Deja de gritar, ahora si eres tan amable, sal del cuarto y espérame en la sala del trono—
—¿¡Como?! — Exclama enojada. —¿¡Cómo te atreves a tratarme de esta forma?! Soy tu esposa y me debes respeto, debo saber si esa perra está aquí metida—
Un silencio sepulcral se apodera de la habitación, haciendo que suelte unos pequeños gimoteos del miedo, quiero asomarme por