Escuchar esas palabras me saben a gloria en estos momentos y alivia mi alma, no quiero tener que preocuparme constantemente por comer semillas de granada. Un suspiro de alivio se me escapa, miro a mi abuelo y asiento repetidas veces con la cabeza como si fuera una niña pequeña. Él me da un pequeño beso en la frente y me dice que debería ir a descansar, que tengo que estar en condiciones para cualquier cosa que se presente, una vez que se va, me levanto de mi lugar y camino hacia la cama, llena