Cuando la última palabra fue nombrada, me puse de pie, deseaba huir de ahí, gritar, decirles que pararan ya, que todo era una farsa, que yo no había sido contratada por Thiago, y que mi hijo no era suyo, que ni siquiera yo sabía de quién era, que todo se había tratado de un error, un error que ahora solo estábamos utilizando para un beneficio, pero antes que pidiera decir una sola palabra, la voz de nuestro abogado me limitó
— Pueden hacer las pruebas que deseen, en donde quieran hacerlas, sin