A las seis de la mañana sonó mi alarma, tenía mucho sueño, pero era el último día que me quedaba en la ciudad y debía aprovecharlo al máximo. Hice todo lo correspondiente para estar lista, tardándome dos horas y media, a las diez salí para buscar la revista, y asegurarme que nada malo estuviese pasando.
— Es usted la de la foto, Lisa, felicidades — dijo el joven que vendía en la tienda y que ya conocía mi nombre por llegar todos los días a comprar revistas.
—Es que he ganado un premio — Acla