Engla le sostuvo la mirada y como casi nunca su gesto se volvió altanero, una pequeña mueca en su boca lució como una sonrisa arrogante.
—¿Te has perdido? —Preguntó mirando a la mujer con aura de superioridad.
—No soy una tonta, sé perfectamente donde estoy y sí, vine a ver a Einar. —Engla ladeó la cabeza y esta vez sonrió tan ampliamente que sus intenciones quedaron claras.
—¿No te das cuenta? —Engla dio dos pasos con firmeza, pero Bellavel no retrocedió, para ella esa chica no es más que u