A pesar de que Ricardo y yo estábamos molestos esa tarde, me sentía de muy buen humor. Christopher aprovechó la oportunidad para convivir conmigo y permitir que estuviera un poco más cerca de él y darme cuenta de que Ricardo no es el único hombre en mi mundo.
Primero, manejó hacia el instituto de asistentes ejecutivas. Yo tenía conmigo un documento firmado por el hospital que me había entregado Christopher , que me garantizaba estudiar lo que quisiera sin costo. En el instituto de asistentes e