―¡Increíble Clarisse! ¡Eres muy buena para tramar planes malignos! —se admiró Rosa.
―¡Lo sé! Jeje… Conozco bien a las trepadoras como ella y ya sé cómo deshacerse de ellas, sin que nadie note nuestra manipulación… Además, ya sabes que te quiero mucho y quiero que estés feliz mi niña, sabes que eres como una hija para mí… —comentó Clarisse. Sin embargo, aunque era cariñosa con Rosa, en el fondo, ella sabía que Rosa y su propio padre también eran víctimas de sus propias manipulaciones.
―También t