De repente hacía más calor que nunca. Era sofocante pero traté de tranquilizarme. Cuando fui a mi cuarto, Christopher salió de la bañera y buscó en la percha su bata de baño, pero no estaba. Había olvidado qué me la había prestado y en ese momento yo la traía puesta.
—Y ¿ahora qué me pongo? —pensó.
Tomó un par de toallas y las amarró a su cintura, dejando todo su torso fortificado y húmedo al descubierto, y se dirigió a la habitación contigua. Abrió la puerta y entró hasta el cuarto de baño. Ah