La casa hogar no había cambiado absolutamente nada, incluso los columpios y el patio de juegos seguían en perfecto estado, a pesar de que nunca los usaban.
Los chicos los cuidaban en caso de que llegaran nuevos niños, cosa que no había ocurrido desde que yo me había marchado al cumplir la mayoría de edad, quizás porque nuestra madre ya estaba muy mayor como para poder lidiar con niños revoltosos, después de todo, cuidar de nueve adolescentes no era algo tan fácil.
Para mi sorpresa aquella villa