Jeison quitó la aguja y se levantó, yendo a la zona de maternidad.
Recorrió todo el hospital hasta que finalmente encontró a Nadia parada frente a las puertas del ascensor.
—Nadia, espera.
Nadia lo miró durante varios segundos, observando su cara llena de golpes, hasta que finalmente lo reconoció.
Retrocedió dos pasos, protegiéndose el vientre.
—¿Qué te pasó?
—Mi cuñado estaba de mal humor y me trató como su saco de boxeo. ¿Y tú, ya estás a punto de dar a luz?
Jeison miró su barriga y, de repent