Roberto sin pensarlo soltó su mano.
Sangre comenzó a caer desde su cabeza, pintando su cara de rojo.
Nadia se asustó tanto que sus piernas se pusieron débiles, intentando escapar con todas sus fuerzas.
Pero, fue arrastrada otra vez.
No podía escapar, así que Nadia decidió rendirse.
—¿No fue suficiente que mataras a los dos hijos de Bellona? ¿Ahora quieres matar a tu tercer hijo?
Roberto quedó clavado en el lugar.
Nadia ya no luchaba, levantó la cabeza y le sonrió.
—¿Estás bien, Roberto? Me estás