«¡Dios! ¿Qué es lo que acabo de ver? Por qué… por qué Mikhail aparece en mi visión… ¿Asesinándome?», pensó Adeline aterrada, al tiempo que soltaba inconscientemente la taza que tenía en la mano, la cual cayó estrepitosamente al piso.
El estridente sonido tomó por sorpresa a sus acompañantes, a lo que Gérard se acercó apresuradamente para comprobar lo que estaba ocurriendo.
—¡Señora! ¿Se encuentra bien?
En tanto, Marion, se mantuvo en su lugar mirando fijamente a la emperatriz, para después diri