—¿Cumplirás tu promesa?
Preguntó Adeline con una mirada ansiosa, sosteniendo con fuerza la manga de Ashal, antes de que este abordara el vehículo que lo transportaría al ducado del Norte. La súplica de su esposa conmovió al imponente hombre, que respondió con una sonrisa gentil.
—Tranquila, nunca olvido mis promesas.
Tales palabras, lejos de consolar el corazón de Adeline, le causaron una extraña sensación, como si algo dentro de ella le pidiera no dejar que Ashal se marchara a ese lugar.
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