Mientras desayunaba, Adeline intentaba desahogar su rabia cortando con fiereza la comida, cuyo chirrido de los cubiertos pasando por el plato hacía eco en la habitación. La causa de su descontento era su marido, quien había horas atrás escapado magistralmente de su lado, a pesar de que lo ocurrido la noche anterior.
—Esto es inaudito, anoche discutimos, nos reconciliamos y al final él se acostó a mi lado como un célibe. Ni siquiera hizo el intento por acercarse o tocarme. Salvo que agarró mi ma