Tras recibir la noticia de que el palacio de Mont Risto había sido atacado y que Adeline estaba en peligro de muerte, Ashal se derrumbó. Se sentía incrédulo al saber que, a pesar de haber hecho las cosas bien, el resultado había sido similar y ya no le quedaba nada por qué luchar.
En tanto, Damien mantuvo su expresión calmada, esperando que su mentira funcionara y finalmente consiguiera que el emperador cooperara con los planes de Adolf.
—¿No dices nada? —preguntó de nuevo.
—Realmente piensa