Leo reaccionó con rapidez, lanzando un puñetazo al hombre frente a él antes de que este se diera cuenta de lo que estaba sucediendo. Sin perder tiempo, recargó su arma y continuó avanzando por el pasillo. De repente, el eco de pasos apresurados resonó en sus oídos y se detuvo en seco, escuchando. En cuanto vio al par de hombres que se acercaban a toda velocidad, Leo no vaciló. Con precisión letal, disparó, asegurándose de neutralizar la amenaza.
Las cosas no estaban saliendo en absoluto como las