Sonreí suavemente y lo miré:
—Está bien, te creo.
Carlos sintió una extraña punzada en los ojos.
Su Olivia no debería ser así.
Su Olivia debería ser la que lo espera todos los días, la que, al verlo, no tendría ojos para nadie más. La que, tímida pero cautelosa, se acercaría a él, la que lo provocaría con ardor y audacia.
No la de ahora, que parece tan tranquila en la superficie, pero cuya distancia emocional con él es abismal.
—Dijiste que me darías una oportunidad, ¿por qué ahora actúas