Los besos entre Carlos y yo ya no eran nada nuevo.
Sostuve su rostro con las manos, pensando que, como otras veces, le daría un beso suave en sus labios y seguiría con mi día. Pero esta vez, el beso no llegaba.
Lo entendí claramente, era su mirada expectante la que me presionaba psicológicamente.
Me sentí algo molesta:
—Te cuido porque, al fin y al cabo, fuiste tú quien se lastimó por mí. ¡Deja de poner a prueba todo!
Carlos bajó la mirada y dijo suavemente:
—No estoy poniendo a prueba nad