Carlos parecía tener mil palabras atrapadas en su mirada. —Vamos al hospital primero. Te prometo que tendrás una respuesta satisfactoria —, dijo con voz firme.
Mis ojos, nublados por las lágrimas, buscaron los suyos. Por primera vez, creí entender algo en esa mirada suya.
Sonreí, débilmente, asintiendo con un leve sí que resonó como un eco en mi corazón roto.
Con una sensación de vacío, me dejé llevar en sus brazos mientras caminaba hacia la salida. Las imágenes frente a mí pasaban rápidas, d