No solté mi mordida.
Toda la ira y frustración acumuladas en mi interior comenzaron a brotar en el momento en que lo vi. Seguía apretando mis dientes contra su mano hasta que sentí el sabor metálico de la sangre. Esa pequeña venganza me dio una efímera sensación de satisfacción.
Carlos soportó el dolor en silencio.
Sus ojos destellaban con furia contenida, y su rostro se ensombreció. Aunque la sangre empezaba a escurrir por su muñeca, no emitió un solo quejido. Solo un leve temblor involuntar