Bajo el crepúsculo, el joven alto y delgado me abrazó encorvando su espalda, temblando incluso más que yo.
Aquel arrogante muchacho que siempre tenía algo que decir, esta vez parecía haber perdido las palabras. Quería consolarme, pero no sabía cómo empezar.
Lo que él no entendía era que ese abrazo decía más que mil palabras.
Yo había pensado que tendría que enfrentar sola el juicio de la sociedad, que me tocaría aguantar hasta que internet olvidara el escándalo de mis fotos. Sin embargo, aunq