Extraños son, muchas veces, los comienzos de las historias humanas. Extraños y llenos de imprevistos y de dudas
y de improvisaciones.
Porque cuando Bardo entró con su banda de casi-niños
a la casa aquella, en la que esperaba encontrar algunos aparatos, algunas joyas y sobre todo dinero, la imaginó deshabitada, sumisa, lista para la búsqueda y para el hallazgo.
Y sin embargo no fue así. Sucedió que el hijo mayor de
los dueños —"Los dueños son todos iguales", solía repetir
Bardo— se sinti