Ella se mordió los labios con nerviosismo, y tomó la perilla.
—Hola, quería agradecerte.
—¿Por qué me querrías agradecer a mí? —preguntó con desinterés el jefe.
Simplemente se encontraba con una computadora adelante, y muchos papeles detrás.
—Sé que me curaste tú durante toda la noche —comentó y se sentó enfrente del.
—Es lo que haría cualquier esposo con su esposa, no me lo agradezcas —dijo con escepticismo.
—Eso... es lo que tú crees, pero yo no sé ni qué pensar.
—Es único que puedes llegar