Palacios me llamó a la mañana siguiente. Su intempestiva comunicación me alteró. Yo estaba tranquila, desayunando, después de haberme dado una buena ducha, saboreando un café con leche cuando de repente timbró el móvil. Apenas vi su nombre en la pantalla del celular me preocupé. Sabía que estaba relacionado con la muerte de mi marido.
-¿Puedo hablar con usted, señorita Pölöskei?-, me preguntó solemne, creo sonriente, el jefe de la policía. Eso me aterró aún más. Pensé en que ya sabía la iden