Las horas se me hicieron demasiado lentas. El reloj avanzaba con pies de plomo, los minutos se estiraban como un elástico y no había cuándo llegase las cinco de la tarde para poder conversar con Julio Hauss. Ni sabía qué iba a decirle. En lo que sí estaba convencida es que él tenía clave para saber todo lo que me estaba pasado.
Lo que también quería es que Rudolph no se fuera nunca. En realidad ese era, aunque lo negase o intentara mentirme a mí misma, la razón principal de hablar con ese s