Rudolph despertó conmigo. No se fue durante la noche. Quedó arropado a mi cuerpo, embriagándome con su aliento, arrullándome con el tamborileo de su corazón, atada a sus grandes brazos, hundida en su pecho igual a pollito desamparado.
-Quiero tener un hijo contigo-, le dije entonces.
Mi marido mantuvo sus ojos cerrados. -Estoy muerto, no lo olvides-, me dijo.
-Pero yo te siento tan real, tan vivo que quiero quedar embarazada-, le subrayé convencida. Rudolph recién me miró. Sus ojitos e