Cuando desperté Rudolph ya se había ido. Me sentí decepcionada porque quería desayunar con él, reír a su lado, hacernos una deliciosa merienda, en fin, pasarla de maravillas. Me duché y de mi cuerpo brotaron grandes copos de humo, resultado de una noche tan excitante. Luego de vestirme, me hice un bistec con papas fritas porque tenía mucha hambre. También compré pan. La vendedora me miró de pies a cabeza. -Una noche deliciosa, Patricia-, me dijo. Imagino que yo estaba radiante y me brillaban