A la mañana siguiente fui al ginecólogo. Lo que me había dicho Alondra, me tenía preocupada. Yo me sentía rara además, ardiendo en llamas. Jamás tuve una sensación parecida ni cuando me casé con Rudolph. Me había vuelto igual a un petardo de dinamita a punto de estallar. Me sentía muy sensual, sexy, súper femenina, tanto que me puse una minifalda jean cortita y estrecha. No solo habían sido las fotos y las deliciosas sensaciones que me dejaron los vestidos o las pantimedias o los leggins,