Esa noche esperé, otra vez, a Rudolph. Me puse muy hermosa otra vez, incluso me puse un baby doll transparente porque, en realidad, quería volverlo loco y quería que él me destroce a dentelladas. Ya me había acostumbrado a verlo siempre. Dejé de tenerle miedo y por el contrario, me alegraba las noches no solo con sus ocurrencias sino también con su mirada divertida, masculina y me encantaba sentir sus besos y caricias deleitándose con mi cuerpo, completamente afiebrado por la pasión. Le tení