Leonardo estaba sentado detrás de su enorme escritorio de madera, absorto en la pantalla de su computadora, revisando los detalles de un nuevo proyecto. Sus pensamientos, sin embargo, estaban lejos de concentrarse en el trabajo. Desde la gala MET, no había podido dejar de pensar en el beso con Isabella, en las emociones que lo habían consumido, y en la complicada situación en la que se encontraba. Las cosas con Valeria, su prometida —al menos en papel—, eran cada vez más tensas y difíciles de m