Celeste no lloró después de que Damian salió de la habitación aquella noche.
Se quedó sentada frente a su tocador durante mucho tiempo, mirándose en el espejo. Tenía los ojos secos. Las manos firmes.
Hubo un tiempo en que ver a Damian salir de una habitación podía arruinarle toda la noche. Repasaba cada palabra, cada mirada, cada pequeño cambio en su expresión, preguntándose qué había hecho mal. Había pasado años intentando convertirse en la mujer que él finalmente elegiría sin dudar.
Aquella n