Javier sonrió y dijo: —Este sabor es el que más le gusta, jefa, toma la comida para perros cuando vuelvas a casa.
Lorena asintió y vio que había una lujosa perrera preparada al lado, que parecía la versión enana de una casita de campo.
Dirigió a Javier una mirada de satisfacción y luego llevó al cachorro al despacho.
El cachorro dejó de quejarse cuando estuvo lleno y se dio la vuelta perezosamente, mostrando su redonda barriguita y haciendo pucheros con la lengua.
Lorena lo miró feliz y no p