Mi esposo por contrato es mi jefe
Mi esposo por contrato es mi jefe
Por: Lea Faes
¿Qué es lo que ha pasado?

Karoline se encontraba parada en la entrada de aquel club de baile, dudaba si

estaba haciendo lo correcto, dio un paso dentro del lugar, la estridente música en

ese momento le pareció molesta, suspiró fuertemente antes de atravesar la pista

para subir las escaleras.

Finas gotas de sudor perlaban su frente, su corazón latía tan de prisa que pensaba

que en cualquier momento saldría de su pecho, sintió que quizás no podría

continuar, sobre todo al llegar frente a la puerta del privado, se armó de valor para

hacerlo, empujó la puerta fuertemente,al ver lo que ocurría dentro sus enormes ojos

azules se abrieron con incredulidad, en el interior del lugar una pareja se besaba

apasionadamente.

El hombre apartó de inmediato a la chica sentada sobre sus piernas, se sorprendió

al ver que ahí estuviera ella, Karoline se sintió furiosa, se abalanzó sobre él para

empezar a golpearlo fuertemente, aquel hombre no creía que su novia estuviera

haciendo aquello, debido a la impresión solo se dedicó a cubrir su rostro para evitar

los golpes.

La chica amable y dulce se había transformado.

—Karo, esto no es lo que parece. —El hombre intentó justificarse.

Los ojos de Karoline se volvieron tan fríos que su mirada daba miedo.

—Ahórrate las explicaciones —contestó tajante —dude en venir cuando leí el

mensaje, por un momento creí que sería mentira.

—Solo estaba aquí hablando con esta chica, es la novia de mi amigo y me ha pedido

que la acompañe.

—Ja, ja, ja, ¿Piensas que creeré en tus mentiras?

—No se que mensaje te han enviado, lo que sea te aseguro que no es cierto, Karo,

sabes bien que yo te amo, te lo he demostrado. —Karoline no podía creer su

cinismo, la chica intentaba controlar su furia, respiraba agitadamente, y apretaba

fuertemente los puños de sus manos, tanto que le dolía hacerlo.

Puso delante del hombre la pantalla de su teléfono, donde había una foto de los

dos perros desnudos acurrucándose íntimamente!

Él iba a decir algo, pero un fuerte golpe en la cara se lo impidió, sin darle tiempo a

más, Karoline salió de ahí con la misma prisa con la que había entrado, limpió las

lágrimas de su rostro, no podía creer lo que acababa de suceder, pensaba que él la

amaba tanto como ella a él.

La chica que estaba con él, se hizo a un lado cuando Karoline pasó junto a ella, se cubrió el

rostro pensando que también la golpearía, pero una zorra como esa no valía la pena.

Camino rápidamente para alejarse, era una mujer fuerte e independiente, no le daría el

gusto a ese patán de arruinar su vida, necesitaba beber, y eso es lo que haría, así podría

olvidar sus problemas cuando menos durante ese día.

— Eres fuerte Karoline, has salido de cosas mucho peores que está, ese desgraciado no

vale la pena —Se repetía una y otra vez.

Se dirigió a un bar cercano, conocía al barman del lugar, era muy bueno escuchando

las penas de los clientes que tomaban en la barra, escuchaba tantas historias que

podía escribir un libro de páginas infinitas.

Karoline se sentó frente a la barra.

—¿Whisky doble como siempre?— preguntó el barman.

— Exacto— Karo le sonrió.

—¿Ha pasado algo? Hoy traes un brillo diferente en tu mirada.

— No es nada, hay cosas a las que no debemos darle importancia o nos comerán

por completo.

Esas palabras confirmaron al barman que definitivamente algo pasaba, la chica

trataba de disfrazar su tristeza.

—Lo que tomes hoy va por cuenta de la casa pequeña. —Le sonrió intentando que

ella olvidará un poco su tristeza.

—Gracias— Contestó intentando forzar una sonrisa, lo logró a medias.

En una mesa cercana, un grupo de hombres parecía estar celebrando, eran un poco

ruidosos para su gusto.

Uno de los hombres se acercó a la barra para pedir otra ronda, Karo volteó a verlo,

era la primera vez que lo veía en el bar.

—¿Foráneo?— preguntó mientras lo veía con curiosidad, había tomado varios

tragos, cuando eso ocurría se le soltaba la lengua.

—Así es, recién he llegado a la ciudad.

—Respondió con una amplia sonrisa, él también ya había bebido algunas copas.

El hombre tenía un ligero acento italiano que lo hacía ver sexy.

Era muy alto, Karoline lo escaneó con la mirada, a través de lo ropa podían notarse

los músculos de sus brazos, era un hombre fuerte, el color negro intenso de su pelo,

hacía resaltar el color de sus hermosos ojos verdes.

Sin quererlo, Karo sintió un calor recorriendo su vientre.

Karoline también había llamado la atención de aquel hombre, la observó cuando

entró, pensó que esa rubia era muy bella y sexy, ahora que la veía de cerca se daba

cuenta de que sus facciones eran muy finas, tenía un rostro que le parecía dulce,

sonrió ante ese pensamiento.

—¿Qué haces aquí tan solita? Puedes venir con nosotros a nuestra mesa, te

aseguro que no nos comemos a las muchachas bonitas.

Karo no supo porqué, pero al hablar con aquel extraño se disiparon por un momento

sus penas.

—Está bien, por hoy me permitiré tomar con un extraño— El barman se le quedó

viendo, él tampoco conocía a aquel hombre, se acercó para susurrarle algo en el oído

de Karoline.

—Cualquier cosa aquí estoy, no dudes en llamarme.

—Gracias.— Contestó despacio. —Se alejó con el extraño hacia su mesa.

—Chicos, hoy nos acompañará a celebrar, está hermosa, rubia, así que no quiero

que la molesten.

—Entendido jefe. —Dijo otro de los chicos, haciendo un saludo militar, por lo que los

demás rieron.

Poco a poco la mesa se fue quedando vacía, era viernes, el fin de semana se lo

se dedicaban a sus familias, así que se despidieron.

En la mesa solo quedaron Karoline y aquel extraño, pero guapo hombre, ella ya

estaba más que tomada, el hombre también estaba ebrio.

El alcohol hacía que Karo no se callará sus pensamientos, lo que por lo general la

metía en problemas, por eso siempre al tomar se ponía límites.

—Oye rubita, eres muy bella, ¿Lo sabes?— Dijo el hombre mientras enrollaba un

mechón del pelo de la chica en uno de sus dedos.

—Lo sé— le guiño un ojo mientras quitaba la aceituna que tenía la bebida de él y la

ponía sobre sus labios.

—Deliciosa. —Dijo mientras la miraba fijamente.

—¿Qué?

—La aceituna. —Contestó mientras esbozaba una sonrisa coqueta.

—¿Quieres?

El hombre se acercó para tomar la aceituna de entre los labios de ella, al tocar sus

labios sintió un ligero toque eléctrico que recorrió su cuerpo.

—Dios que calor— Karoline se abanicó con sus manos, ese italiano era fuego

ardiente.

—Casate conmigo rubita. —Soltó sin más el hombre.

—Me gustas, vamos a hacerlo. —Karo contestó inmediatamente sin pensarlo.

El italiano llamó al barman, para que los casara en ese momento.

—Chicos, yo no puedo hacerlo.

—¿Cómo se llama este bar?— preguntó Karoline, aunque claro que ella lo sabía

perfectamente.

—El Bar del Barco.

La decoración del lugar era una réplica exacta de un barco antiguo.

—Entonces si este es un barco, tú como barman vendrías siendo el capitán, así que

puedes casarnos— Dijo el italiano.

El barman se dio por vencido, era mejor seguir el juego de aquellos dos ebrios, así lo

dejarían ir y podría seguir atendiendo la barra.

—Está bien, esperen aquí.— Se alejó y un par de minutos después regresó trayendo

consigo un par de hojas y un par de bolígrafos.

—Ahora si, por el poder que me otorgan las leyes del mar y como autoridad y

capitán de este barco, en este momento los declaro marido y mujer, lo que la ley del

mar ha unido, no puede separarlo el hombre.

Les pidió firmar las hojas en blanco, los dos ebrios firmaron con garabatos, fue muy

difícil que pudieran apoyar los bolígrafos sobre las hojas, sería por lo ebrios que

estaban o porque no paraban de reír a carcajadas.

—Listo, ahora puede besar a la novia.

—Dijo el barman, tomando muy en serio su papel.

Los dos ebrios sonrieron, ahora ya eran esposos, se dieron un beso tremendo, de

esos que dan envidia a los que están solos.

—Ahora ven conmigo, iremos a mi cuarto de hotel para consumar este matrimonio.

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